La Lotería Campechana, una bolada con historia – Parte 2

  • Historia

Este juego se popularizó por toda la ciudad y pronto estuvo presente en las ferias de los barrios de la ciudad, sobre todo en las de San Román y Santa Ana, donde se colocaban largos tablones y sobre ellos los jugadores extendían sus cartillas, esperando el inicio de la “cantada”. Pero no solamente en las ferias se popularizo sino también en los hogares campechanos que tarde con tarde o fines de semana, organizaban la lotería entre los familiares y amigos. La escritora Silvia Molina cuenta su experiencia ante este juego: “…tengo una tía que va con el siglo, cuando la visito ya no me reconoce, sino me sienta en la mesa del comedor, me da dos cartillas (si bien me va, porque si no me impone cuatro) y unas fichas de colores que completa con frijoles, mientras su compañera de juego, otra viejita, van gritando los números que sacan de una bolsa de tela más gastada. “Cantan” con picardía ¡45! El de las pelotitas arriba; ¡70! Tu culito; ¡90! El que gira y gira; ¡73! La rozadura del calzón huixado…” soy una nulidad para la lotería (porque no soy campechana) ¡todo es tan rápido! Cuando me doy cuenta, una de las dos gritó ¡lotería! Y no sé si es por mí o por una de ellas”.

Una de las características del juego de lotería campechana es “la cantada” de las fichas pues algunas personas al sacar el número lo cantan con picardía; Socorrito, una fan de la lotería, tenía una manera muy peculiar de cantar las fichas: “22 ¡que lo bajen!, el ahorcado; 37, en la cantina que sus calzones fue a empeñar, el borracho; 45, el maromero con los huevos arriba; 63, la bailarina en la cuerda floja o el pirixito fresco, etc., en cambio una prima mía lo canta así: 11, la dama elegante; 24, Adán y Eva comiendo hueva; 85, panzones; algunas veces lo cambia por Liberato, el origen de este nombre es porque parece ser que en la ciudad existía un señor muy obeso de nombre don Liberato, que vestía de guayabera o filipina pero que en los carnavales se ataviaba de levita y bombín: 2, dos amores en consulta; 3, piñas para las niñas; 47, un negro matando un gato; 90, el mundo es redondo, y así cada número le va poniendo una frase que va uniendo tanto al número con la figura, obviamente los jugadores van colocando sus fichas en la figura correcta.

Otra manera de emplear los números de la lotería era o es para los números telefónicos. Un estudiante de la licenciatura en Lengua y Literatura Hispánica de la UNAM, de nombre Rafael González Bolívar hizo un amplio estudio sobre los pregones campechanos en especial la “cantada” de las fichas de la lotería, pero lo que le llamó la atención fue el empleo de las figuras en los números telefónicos:

“Se dice que el jugador campechano más versado será capaz de ofrecer su número telefónico sustituyendo cada cifra con el nombre correspondiente para las imágenes de la lotería; estando en Campeche, buscando comprobar esta noticia, pregunté a una locataria del mercado si tal afirmación era cierta y en seguida, acaso por no confiarme su número de teléfono, alzó la vista hacia la fachada de establecimientos frente al suyo y dio con los números que identificaban cada lote, inmediatamente comenzó a nombrarlos; “brujas, higos, quinqué…” lamentablemente no recuerdo los nombres y no pude grabar la entrevista, debí apuntar el número de cada local. Empero, la competencia de la jugadora se había hecho manifiesta”.

Ha sido tal la importancia de este juego que sus figuras han sido tomadas como modelos por los artistas locales y reproducidas de varias maneras, bordadas en punto de cruz, dibujadas de en óleo, pastel, lápiz, coloreadas de diferentes maneras sobre cartón, tela, madera, o cuerno de toro, últimamente se ha realizado cartillas para invidentes para que también participen de este juego y sientan la emoción de gritar ¡lotería!

Pero no sólo en el arte ha influido la lotería, sino también en la literatura: la maestra Griselda Pérez Domínguez, reconocida poeta campechana, tomando como modelo el estilo japonés llamado Haiku, con las 90 figuras de este juego ha escrito 90 Haikus:

 “Juego sencillo,

abriéndose fichero”

con un martillo

¡Cuatro!…,

Mostrando la roja guacamaya

que va jugando

Corre la bola,

pavo real en el nueve,

abre la cola.

Negro mulato,

en el cuarenta y siete

detrás del gato,

 Igualmente, este juego se emplea en el argot cotidiano para ser partícipe de una comida o de una llegada inesperada a un sitio donde no has sido convidado, “pásale hay lugar y cartilla” te dicen y de esta manera se te invita a ser parte del convivio.

Este juego se hizo popular a partir de los años 30 del siglo XX y poco a poco se fue introduciendo en el gusto de las familias campechanas. Actualmente la lotería campechana es organizada por asociaciones culturales, clubes, escuelas, universidades, el Gobierno Estatal y Municipal a través del DIF y sigue siendo del gusto de muchos campechanos.

Tanto el señor Evia como Hernández, sin pensar en el futuro, crearon un juego que con el paso del tiempo se ha convertido en un elemento identitario y que ha fomentado la unión familiar, de amigos y de hacer amigos a través de una simple cartilla con 25 figuras diferentes. Una gran mayoría de familias campechanas tiene su “equipo” de juego, cartillas suficientes y su bolsa especial para las fichas prestas para sacarlas y jugar en cualquier momento.

La lotería campechana con sus personajes, paisajes, animales, vegetales, objetos, astros, instrumentos musicales, lugares, transportes, símbolos de poder y alegorías han servido como un exponente más de las expresiones de nuestra identidad y con el paso del tiempo se ha transformado en una pieza fundamental de nuestro patrimonio cultural. Y sin duda alguna, las nuevas generaciones seguirán jugando la lotería y esperarán ansiosos gritar: ¡lotería!

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